martes, 23 de septiembre de 2008

¡¡¡ Vivo en California y me voy a suicidar !!!

Carol estaba un día ayudando en mostrador cuando recibió una llamada de una extraña diciendo que estaba a punto de suicidarse... Carol le dio credibilidad a la llamada y se tomó unos minutos para escuchar a la desdichada mujer.

Carol le preguntó de dónde era, y la mujer le contestó que vivía en el Sur de California, no muy lejos de la playa.

Carol le respondió: “¿Vives en California? ¿Cerca de la playa? ¿Sabes el frío que hace hoy en Nueva York? Estamos a trece grados bajo cero en el exterior! Yo casi me congelo viniendo al trabajo. Si yo fuera tú, me iría a la calle ahora mismo, me daría un largo paseo por la playa, y me sentaría al sol un rato. Eso es lo que haría si yo fuera tú.”

La mujer se calmó al momento y le agradeció a Carole el haber sido tan amable con ella.

Relato muy cinematográfico extraído de "La Escuela de Dirección y Negocios" de Donald J. Trump

viernes, 12 de septiembre de 2008

TODO DEPENDE DE UN CABELLO (Fredric Brown)

La esposa del señor Decker volvió de Haití.

Había ido sola. Habían decidido pasar un tiempo separados para arreglar luego amistosamente el divorcio. Pero eso nada había cambiado.

Se detestaban todavía un poco más que antes.

- Divide en dos partes - Exigió firmemente la señora Decker -. La mitad de tu dinero y de tus bienes.

- Es ridículo - Replicó con aspereza el señor Decker.

- ¿Ridiculo, eh? Si quisiera lo tendría todo. En Haití, he estudiado vudú.

- ¿Y qué?

- Que si no fuera una mujer honrada morirías por paralización del corazón. El vudú no deja huellas.

- ¡Tonterias! - Exclamó con superioridad el señor Decker.

- Bien, permíteme hacer la prueba. ¡Un trozo de uña o de cabello y verás!

­ ¡Patrañas! - Afirmó el buen señor Decker.

- Te hago una proposición, probamos. Si no da resultado, nos divorciamos y no pido nada. Si sale bien, heredo y me voy muy agradecida.

- De acuerdo - Dijo el señor Decker

- Trae cera y un alfiler.

Se miró las uñas.

- Demasiado cortas. Te daré un cabello.

Fue al cuarto de baño y volvió con un cabello en un tubo de aspirina. La señora Decker había ablandado ya la cera. Hundió en ella el cabello y la modeló groseramente en forma de ser humano.

- Lo lamentarás - Aseguró, mientras hundía la aguja en el pecho de la estatuilla. El señor Decker se sorprendió, pero de manera agradable. No creía en el vudú, pero era prudente. Además, siempre le había irritado que su mujer no limpiase nunca el peine.

FIN